Viernes 11 de Septiembre, 18:24

Un entrerriano recordó desde adentro de United Airlines el 11-S

Sociedad | Germán “Andy” Nobile, oriundo de Gualeguaychú, trabajaba en la compañía aérea cuando ocurrieron los atentados del 11 de septiembre de 2001. Vio en vivo el impacto del segundo avión y recordó la llegada del FBI, el dolor de sus compañeros y cómo aquel día cambió para siempre la aviación mundial.


A 25 años de los atentados contra Estados Unidos, el entrerriano Germán “Andy” Nobile recordó cómo vivió desde el interior de United Airlines una jornada que modificó para siempre la historia contemporánea.

Nacido en Gualeguaychú y radicado en Estados Unidos, Nobile trabajaba el 11 de septiembre de 2001 en la sede de la compañía, ubicada junto al aeropuerto internacional O'Hare de Chicago.

Dos de los cuatro aviones secuestrados aquel día pertenecían a United Airlines: el vuelo 175, que impactó contra la Torre Sur del World Trade Center, y el vuelo 93, que cayó en Pensilvania.

Los atentados dejaron cerca de 3.000 muertos y desencadenaron profundas transformaciones políticas, militares y de seguridad en Estados Unidos y el resto del mundo.

“Un silencio que anticipaba que algo había ocurrido”.

Nobile había comenzado a trabajar para United Airlines el 7 de octubre de 1999.

Integraba un call center con unos 2.000 empleados que funcionaba las 24 horas y recibía comunicaciones de diferentes lugares del mundo. 

Habitualmente cumplía su jornada entre las 14 y las 23, pero los empleados intercambiaban horarios con frecuencia.

Precisamente el 11 de septiembre le correspondió trabajar durante la mañana. Al llegar, encontró una situación completamente diferente a la habitual. Sus compañeros estaban reunidos en un rincón y prácticamente en silencio.

Su supervisor le explicó que un avión de United Airlines había impactado contra una de las Torres Gemelas de Nueva York.

Nobile se dirigió a la gran cafetería de la empresa, donde empleados seguían las noticias por televisión.

Algunos lloraban porque conocían personalmente a integrantes de la tripulación. Mientras observaba la transmisión, ocurrió el segundo ataque contra el World Trade Center. 

“Vi el segundo choque contra la Torre en vivo”, recordó Nobile.

Después llegaron las noticias del ataque al Pentágono y de la caída de otro avión en un campo de Pensilvania.

El entrerriano describió aquellas horas como un escenario de conmoción y duelo. Los aeropuertos fueron cerrados y la presencia policial se multiplicó.

En medio de esa situación, Nobile continuó recibiendo consultas de pasajeros que todavía intentaban comprender qué estaba ocurriendo.

Recordó particularmente la llamada de un ciudadano mexicano que preguntaba por sus “petacas”.

Inicialmente, no comprendió el término hasta advertir que se refería a sus maletas. Tuvo que explicarle que el aeropuerto estaba cerrado y que nadie podía entrar ni salir.

“La llegada del FBI a United Airlines

La situación cambió nuevamente cuando agentes del FBI llegaron a las instalaciones. Hasta entonces, los empleados tenían acceso al sistema de United Airlines y podían consultar información sobre los pasajeros de los diferentes vuelos.

Ese acceso fue restringido rápidamente. Nobile recordó que los investigadores aún desconocían el alcance de la organización detrás de los ataques y debían determinar si alguna persona vinculada con las aerolíneas había colaborado con los secuestradores.

Durante aproximadamente una semana, según su relato, agentes federales permanecieron en las oficinas durante las 24 horas. Para ingresar, los trabajadores no solamente debían utilizar su identificación habitual, sino también registrarse ante un agente.

“Yo tampoco me daba cuenta de que estábamos todos siendo investigados por el FBI”, recordó al observar aquel episodio 25 años después.

El atentado tuvo para Nobile un impacto todavía más directo por trabajar en una de las empresas involucradas.

El vuelo 175 de United Airlines, que cubría la ruta Boston-Los Ángeles, fue secuestrado e impactó contra la Torre Sur del World Trade Center.

El vuelo 93, también de United, cayó cerca de Shanksville, Pensilvania, después de que pasajeros y tripulantes intentaron recuperar el control de la aeronave.

Para quienes trabajaban en la empresa, la tragedia tenía nombres conocidos. Nobile recordó compañeros llorando y empleados tratando de conocer quiénes integraban las tripulaciones y las listas de pasajeros. “Ese día fue un día de duelo”, sintetizó.

“Todo cambió en el mundo” 

Nobile tenía 31 años cuando ocurrieron los atentados. Hoy, con 57, reconoce que el paso del tiempo modificó también su manera de interpretar lo sucedido.

En aquel momento no tenía hijos y se consideraba todavía “muy pueblerino e inocentón” frente a determinadas situaciones. Los acontecimientos posteriores también atravesaron su vida en Estados Unidos.

Recordó las guerras que siguieron a los atentados y mencionó que participó en Chicago de manifestaciones contra la guerra de Irak.

Su hija nació en 2003, precisamente el año en que comenzó aquel conflicto. También tuvo compañeros de trabajo que posteriormente fueron enviados como militares a Irak.

“La aviación nunca volvió a ser igual”

Una de las consecuencias más visibles del 11-S fue la transformación de la seguridad aeroportuaria. Nobile, que viajaba frecuentemente por su trabajo, experimentó el antes y el después.

Los controles se volvieron mucho más estrictos y aparecieron restricciones que terminaron incorporándose a la rutina de millones de pasajeros: quitarse zapatos y cinturones durante los controles, limitaciones para transportar líquidos y mayores revisiones del equipaje.

“A partir de la caída de las Torres Gemelas, todo cambió en el mundo, en los aeropuertos”, afirmó. Años después, su trayectoria profesional volvería a relacionarlo con organismos de seguridad estadounidenses.

En 2007 trabajó para la DEA y posteriormente para el Departamento de Seguridad Nacional. Actualmente, Nobile se desempeña como analista político y especialista financiero en el Departamento de Transporte de Wisconsin.

A un cuarto de siglo de aquella mañana, el entrerriano asegura que las imágenes, el silencio dentro de United Airlines, sus compañeros llorando y la llegada de los investigadores continúan formando parte de un recuerdo imposible de borrar.

“El 11 de septiembre de 2001 quedará marcado en mí para siempre”, resumió.