Sociedad | El fuego avanza desde dos frentes en Chubut, obliga a evacuaciones preventivas y mantiene en vilo a vecinos y brigadistas en medio de calor extremo, sequía y vientos impredecibles.
La Patagonia vuelve a arder y Cholila quedó prácticamente atrapada entre dos grandes incendios forestales que avanzan desde distintos puntos de la cordillera chubutense.
El escenario es crítico: las llamas se acercan peligrosamente a zonas pobladas y ya forzaron evacuaciones preventivas, mientras más de 500 brigadistas y varios medios aéreos luchan sin descanso para frenar el fuego.
Uno de los focos se originó en el área del Parque Nacional Los Alerces y el otro en la zona de Epuyén, ambos todavía activos y con comportamiento errático por efecto del viento.
El resultado es un verdadero “efecto pinza” que mantiene a la localidad en alerta máxima y con vecinos preparados para abandonar sus casas en cualquier momento. “Estamos rodeados”, repiten pobladores que ven cómo el humo cubre el cielo y el olor a quemado se vuelve parte del aire cotidiano.
Las postales son dramáticas: bosques en llamas, cenizas cayendo como nieve gris y un clima de angustia que se extiende por toda la región.
Evacuaciones y riesgo inminente
Las primeras evacuaciones preventivas se realizaron en sectores cercanos a Villa Lago Rivadavia, donde el fuego avanzó hasta las inmediaciones de viviendas rurales. Las autoridades no descartan ampliar la medida si las condiciones empeoran o si el viento cambia de dirección.
Además, el avance de las llamas amenaza con cortar la Ruta Provincial 71, una vía clave para la conectividad de la zona y para el ingreso de vehículos de emergencia. Brigadistas relatan que los focos se reavivan una y otra vez, obligándolos a reconstruir líneas de defensa en jornadas agotadoras.
El clima, el peor enemigo
El operativo se desarrolla en condiciones extremas: temperaturas superiores a los 30 grados, humedad muy baja, sequía prolongada y ráfagas de viento de hasta 50 km/h. Un combo explosivo que convierte cada chispa en un nuevo frente de fuego y cada estrategia en un intento frágil de contención.
Desde el Gobierno provincial ya calificaron la situación como de “gravedad extrema” y advirtieron que, si no llega un cambio en el clima, el incendio podría seguir avanzando hacia otras localidades como Esquel.
Mientras tanto, en Cholila el tiempo se mide en horas y no en días. La pelea contra el fuego es una carrera contrarreloj, con brigadistas exhaustos, vecinos angustiados y una naturaleza que, por ahora, no da tregua. La Patagonia vuelve a mostrar su cara más dura, y el fuego, una vez más, marca la agenda.