Sociedad | Cada 29 de septiembre la provincia recuerda a su protector, elegido hace más de dos siglos. La fecha es feriado para la administración pública provincial.
Entre Ríos conmemora cada 29 de septiembre el Día de San Miguel Arcángel, patrono de la provincia y una figura profundamente vinculada con su historia religiosa y cultural.
La jornada tiene carácter de feriado provincial para la administración pública, mientras que para el sector privado su adhesión es optativa.
La relación de los entrerrianos con San Miguel tiene más de dos siglos. Su elección como patrono se remonta a 1825, cuando el deán Francisco Dionisio Álvarez impulsó una votación entre los fieles para determinar los patronos de Entre Ríos y de la ciudad de Paraná.
Aquella decisión consagró a San Miguel Arcángel como patrono de Entre Ríos y a la Virgen del Rosario como patrona de Paraná.
La devoción, sin embargo, ya tenía antecedentes. En 1822 se había levantado en la capital provincial un primer templo dedicado al arcángel, conocido como la “Capilla Norte”. Años después comenzó la construcción de un nuevo edificio destinado a su culto.
Dentro de la tradición cristiana, San Miguel ocupa un lugar destacado como protector y defensor frente al mal. Su nombre significa “¿Quién como Dios?”.
Habitualmente es representado como un ángel guerrero, con una espada o lanza y venciendo al demonio. En otras representaciones aparece sosteniendo una balanza, vinculada con el concepto de justicia.
Su figura también está presente en distintos textos bíblicos. Particularmente en el Apocalipsis, donde encabeza a los ángeles en la batalla contra el dragón.
La festividad de San Miguel es una de las celebraciones dedicadas a los ángeles con mayor tradición dentro del cristianismo y su devoción se extendió durante siglos por diferentes lugares del mundo.
En Entre Ríos adquirió características propias. Desde aquella elección realizada en 1825, sucesivas generaciones mantuvieron la tradición de reconocerlo como protector de la provincia.
Así, cada 29 de septiembre vuelve a encontrarse la celebración religiosa con una parte de la historia entrerriana, manteniendo vigente una tradición que ya superó los 200 años.