Gendarmería retiró el artefacto que fue llevado hasta una cantera cercana, donde se lo hizo estallar.
Se determinó que era un proyectil de mortero de 120 milímetros, con una carga de alrededor de dos kilogramos de elemento explosivo que puede esparcir mortíferas esquirlas en un radio de entre 150 y 200 metros a la redonda.
El artefacto estaba listo para estallar al momento de ser encontrado, y pudo haber causado un tremendo daño si explotaba cuando fue removido del lugar en el que estaba enterrado o en los varios años que estuvo allí.
Se supone que su existencia en ese sitio dataría de la década del 80, cuando por el lugar hubo desplazamiento de fuerzas militares que intervinieron en los alzamientos armados durante la presidencia de Raúl Alfonsín y fueron estimulados por el sector carapintada que lideró Aldo Rico.