Sociedad | Un hombre de 68 años recibió en Mendoza el corazón de un donante de unos 30 años. Una compleja cirugía permitió que conserve su órgano y que ambos corazones trabajen juntos. Detrás del extraordinario procedimiento médico hubo una decisión fundamental: donar.
Una historia que vuelve a demostrar, de la manera más concreta, el valor de la donación de órganos se escribió este miércoles en Mendoza.
Un hombre de 68 años, cuyo corazón se encontraba en una situación terminal, recibió el órgano de un donante de unos 30 años y ahora tiene dos corazones que trabajan de manera conjunta.
La intervención se realizó en el Hospital Italiano de Mendoza y demandó más de seis horas.
Se trató de un trasplante cardíaco heterotópico, un procedimiento excepcional mediante el cual el corazón donado se implanta sin retirar el órgano original del paciente.
El receptor padecía hipertensión pulmonar severa y su corazón tenía un rendimiento inferior al 20%.
Sin embargo, una parte del órgano todavía conservaba capacidad suficiente para trabajar frente a la elevada presión pulmonar.
Por esa razón, el equipo médico decidió conservarlo y sumar el corazón donado.
De esta manera, una parte del corazón original continúa cumpliendo una función mientras el nuevo órgano se ocupa fundamentalmente de la circulación general.
El doctor Claudio Burgos, director de Cirugía Cardiovascular y Trasplantes del Hospital Italiano y participante de la intervención, explicó gráficamente que se trata de dós corazones completos, aunque en la práctica trabajan complementándose.
Una carrera contra el tiempo
Detrás de las más de seis horas de cirugía hubo también un enorme operativo sanitario y logístico.
El corazón fue ablacionado en Rosario y trasladado hasta Mendoza.
Desde el aeropuerto internacional El Plumerillo fue llevado en ambulancia hasta el Hospital Italiano, con acompañamiento de personal médico, policías y agentes de tránsito.
Cada minuto resultaba determinante. Una vez realizada la ablación, el corazón dispone de un período limitado para ser implantado, por lo que todo el recorrido debe desarrollarse bajo estrictas condiciones de conservación y coordinación.
El órgano llegó al hospital alrededor de las 8 y la intervención concluyó cerca de las 14:15. El paciente salió del quirófano y comenzó el período postoperatorio.
Los profesionales señalaron que será necesario aguardar, especialmente durante las primeras 72 horas, para evaluar su evolución y detectar posibles complicaciones.
La decisión que hizo posible todo
La extraordinaria técnica médica, el trabajo de cirujanos y profesionales, el traslado desde Rosario y el operativo desplegado en Mendoza tuvieron un punto de partida imprescindible: alguien fue donante.
Un hombre que atravesaba una situación crítica recibió una nueva oportunidad gracias a un órgano proveniente de otra persona.
Por eso, más allá de lo excepcional del procedimiento, el caso vuelve a poner en primer plano el enorme valor humano y social de la donación. “Donar órganos salva vidas”, sintetizó el doctor Burgos.
El especialista también dejó una reflexión que trasciende este caso: nadie sabe qué lugar puede ocupar alguna vez frente a un trasplante.
Una persona puede convertirse en donante, pero también ella misma o alguien de su familia puede necesitar un órgano para continuar viviendo.
Pensar y hablar sobre la donación cuando estamos sanos permite comprender su verdadera dimensión. Porque detrás de cada trasplante hay ciencia, tecnología, médicos, enfermeros, ambulancias y una enorme coordinación.
Pero antes que todo eso, hay un gesto solidario capaz de transformar una pérdida en esperanza y de ofrecerle a otra persona una nueva oportunidad de vivir.
Este miércoles, en Mendoza, esa decisión permitió algo extraordinario: que un hombre que tenía un corazón en falla terminal pudiera salir de un quirófano con dos corazones latiendo en su pecho.
Fuente: Los Andes.