“En ningún caso imputé delito. Señalé claramente que había una línea investigativa que llevaba a los dueños de Conarpesa, los hermanos Juan y Fernando Álvarez Castellanos, hacia Pescafina, propiedad de Héctor Antonio y también llegaba a Estrella de Mar, también de Héctor Antonio”, señaló.
Lo que la acusada buscó demostrar es que Antonio -quien dijo que es representante de Pescafina, una empresa española con un contrato de exclusividad con Conarpesa- pudo comprar la empresa de Raúl Espinosa luego de su asesinato, porque él no quería vender su parte de Pesquera San Isidro a Conarpesa.
Ante el juez Luis Schelgel, Carrió dijo: “Uno responde a su conciencia moral, si uno sabiendo no habla, uno es cómplice, y yo me siento responsable por la muerte de un hombre que murió cuando me iba a dar una serie de pruebas”.