Sociedad | Este miércoles, “Rec, con Pablo Mora” nos lleva hasta Rocamora para escubrir la particular Casa del Árbol que construyó un vecino con sus propias manos. Un encuentro “muy emocional” y “sorprendente”, donde la creatividad, la amistad, la naturaleza y el recuerdo de “la Yoli” se entrelazan en una historia de esfuerzo, constancia y afectos.
Esta vez, “Rec, con Pablo Mora” viaja hasta Rocamora para encontrarse con Luis Omar Ledesma Guarischi, “Kuquino”, y conocer un lugar tan particular como la persona que lo creó: La Casa del Árbol.
Pero la historia de "Kuquino" comienza mucho antes de llegar a ese rincón de Rocamora. Porque para entender lo que allí se encuentra hay que conocer, aunque sea un poco, a quien está detrás de cada madera, cada objeto, cada detalle y cada historia.
Cuquino se define a sí mismo como un “busca”. Desde joven transitó diferentes actividades. Fue mozo, empresario de la noche, trabajó como bancario y, casi sin proponérselo, terminó asumiendo una responsabilidad que marcaría buena parte de su vida: ser Juez de Paz de Basavilbaso, función que desempeñó hasta jubilarse, a fines de 2020.
Pero hay otra característica que aparece una y otra vez cuando se habla de él: su manera de brindarse a los demás.
Cuquino es de esas personas que se entregan al 100% a sus amistades, sin medir demasiado cuánto reciben a cambio. Y esa generosidad no se limita a los amigos más cercanos: también alcanza a los amigos de los amigos, a quien llega recomendado, a quien necesita una mano o simplemente a quien aparece en su camino.
Es generoso por naturaleza, servicial y un gran anfitrión. De esos que disfrutan recibir, compartir, mostrar, conversar y hacer sentir cómodos a los demás. Una característica que, de alguna manera, también terminó quedando plasmada en La Casa del Árbol.
Detrás de aquella designación como Juez de Paz aparece una persona fundamental en su historia: su madre, Yolanda “Yoli” Guarischi, una de las grandes referentes del peronismo de Basavilbaso.
El propio "kuquino" reconoce que fue ella quien propuso su nombre para asumir semejante responsabilidad.
Y recuerda que aceptó el desafío decidido a poner todo su empeño y esfuerzo para honrar la confianza de su madre y de quienes habían depositado en él la responsabilidad del cargo.
“La Yoli” ocupa un lugar especial en su historia y también en esta visita de Pablo Mora. Porque, aunque ya no esté físicamente, su presencia aparece de distintas maneras y parece acompañar buena parte de aquello que "Kuquino" construyó a lo largo de su vida.
Durante los años en los que ejercía como Juez de Paz comenzó a despertar otra inquietud.
Cuquino se interesó por la madera y por una técnica que él mismo suele identificar como “mosaiquismo”, aunque en realidad se trata de trabajos de marquetería, realizados no con mosaicos sino con madera y pequeños retazos de distintos tipos y colores.
El objetivo inicial era concreto: recuperar y devolverles vida a muebles antiguos.
Llegaron entonces los cursos, las capacitaciones, las pruebas, las herramientas y, naturalmente, también los errores propios de quien aprende haciendo.
Poco a poco fue armando su propio taller y adquiriendo conocimientos que, con el tiempo, terminarían siendo fundamentales para un proyecto mucho más grande.
En ese camino vuelve a aparecer otra de sus características personales: su capacidad para aprender de los demás y compartir con los demás.
Cuquino reconoce especialmente la generosidad de sus amigos. Personas que dominaban diferentes oficios y materiales y que estuvieron dispuestas a enseñarle sus conocimientos.
También recurrió a profesionales cuando fue necesario y encontró en YouTube otra enorme fuente de aprendizaje.
De allí tomó ideas, técnicas y pequeños “tips” que luego fue adaptando a sus propios trabajos.
Así, cada creación terminó teniendo un poco de muchas personas, pero también algo que es absolutamente suyo: sus manos, su curiosidad, su imaginación y su manera de hacer las cosas.
A fines de 2020 llegó la jubilación y, con ella, una nueva etapa.
Entonces apareció la posibilidad de adquirir un inmueble en Rocamora.
Entre árboles frondosos y un amplio espacio verde, Cuquino comenzó a imaginar algo diferente.
El parque fue transformándose lentamente con su intervención. Cada árbol, cada rincón y cada objeto fueron encontrando su lugar hasta convertir aquel espacio en algo mucho más que una propiedad.
Allí nació la idea de construir una casa entre los árboles, sin cortar ninguno.
Y para hacerlo apeló a todo lo que había aprendido durante tantos años.
Utilizó principalmente maderas recuperadas de pallets, retazos y diferentes elementos que podían tener una segunda oportunidad. Combinó carpintería, marquetería, creatividad y una enorme cantidad de trabajo artesanal.
Sin grandes pretensiones y con mucho de prueba y error, aquella idea fue tomando forma.
Hasta convertirse en una construcción singular, integrada al paisaje y rodeada de naturaleza.
Pero basta recorrer el lugar para comprender que la historia no termina en esa construcción.
La Casa del Árbol es apenas una parte de algo mucho más grande.
Todo el inmueble tiene la impronta de su creador. Hay árboles, verde, madera, colores, objetos recuperados, trabajos artesanales y rincones pensados para quedarse un rato más.
Es un lugar donde se respira naturaleza, pero también se respira Cuquino.
Su personalidad está presente en cada detalle. En la capacidad de transformar algo que parecía destinado al descarte en un objeto nuevo. En la paciencia para aprender una técnica. En el gusto por recibir. En la necesidad de compartir aquello que tiene.
Y también en la memoria.
Porque en medio de todo aquello aparece, una y otra vez, “la Yoli”.
La madre que confió en él cuando llegó el momento de asumir una enorme responsabilidad pública. La mujer a la que Cuquino recuerda con amor, respeto y admiración.
Ella ya no está físicamente, pero su presencia parece habitar cada rincón.
En la charla con Pablo Mora, Cuquino recorre su historia, recuerda diferentes etapas de su vida, habla de sus aprendizajes y muestra cómo fue construyendo un proyecto que difícilmente pueda explicarse solamente como un pasatiempo de jubilado.
Porque la Casa del Árbol también habla de su manera de ser.
De alguien que nunca dejó de aprender. De alguien que supo aceptar la ayuda y el conocimiento de otros. De alguien que después compartió lo aprendido. De alguien que se brinda generosamente a sus amigos y que hace de la amistad una forma cotidiana de estar presente.
La Casa del Árbol es también el resultado de muchas manos: las de quienes le enseñaron, las de quienes lo ayudaron, las de los profesionales a los que recurrió y hasta las de aquellos que, sin saberlo, dejaron una enseñanza en algún video de YouTube.
Pero, fundamentalmente, es una obra hecha con sus propias manos y cargada de afectos.
Quizás por eso recorrer ese espacio de Rocamora produce una sensación difícil de explicar.
Entre los árboles, las maderas, los objetos recuperados y cada una de las creaciones de Cuquino, resulta inevitable sentir que hay alguien más acompañando.
“La Yoli” no está en este plano, pero seguramente sigue siendo la guardiana de este hermoso sueño que su hijo imaginó y convirtió en realidad.
Y tal vez allí esté una de las claves de esta historia: en entender que algunas personas construyen mucho más que objetos o lugares. Construyen vínculos, dejan enseñanzas y convierten los espacios que habitan en una extensión de lo que son.
Pablo Mora resume el encuentro como “muy emocional” y, al mismo tiempo, “sorprendente”. Una visita que también permite descubrir cómo el esfuerzo, la constancia, la dedicación y las ganas de aprender pueden transformar un sueño en realidad.
🎥 Este miércoles, desde las 21 en plataformas digitales de FM RIEL, un nuevo capítulo de “Rec, con Pablo Mora”: Luis Omar “Kuquino” Ledesma Guarischi nos abre las puertas de La Casa del Árbol y, con ellas, las de una historia de aprendizaje, amistad, generosidad, recuerdos, naturaleza y un inmenso amor por “la Yoli”.