Sociedad | A 35 años de su muerte, la Escuela Nº 28 recuerda al escultor con una cartelera y conversaciones en las aulas, en el mismo edificio donde cursó la primaria.
Hoy, jueves 22 de octubre, se cumplen 35 años del fallecimiento de Carlos Rolando Chabeuf, el artista basavilbasense que dejó en esculturas y monumentos una huella profunda en la identidad de su ciudad.
La Escuela Secundaria Nº 28, que lleva su nombre, lo recuerda con una cartelera conmemorativa. Además, en lo que va de la semana, los distintos cursos conversaron sobre su vida, sus obras y el extraordinario artista que fue.
El homenaje tiene un significado especial: la institución comparte el edificio de la Escuela Nº 91 “La Pampa”, donde Chabeuf cursó sus estudios primarios. En esas aulas que fueron parte de su infancia, nuevas generaciones se acercan hoy a su historia y descubren al creador de obras que forman parte del paisaje cotidiano de Basavilbaso.
Esta nota está ilustrada con un retrato de Carlos dibujado por su hermano Emilio, “Milo”, quien lo donó a la Escuela Nº 28. La obra suma al recuerdo del artista una expresión de afecto familiar que hoy forma parte de la comunidad educativa.
Nacido el 30 de diciembre de 1938, Carlos mostró desde pequeño su sensibilidad y habilidad para modelar. Su vocación artística lo acompañó durante toda la vida, junto con su trabajo ferroviario como maquinista.
De formación principalmente autodidacta, encontró en la escultura una manera de expresar sentimientos, homenajear a personas cercanas y preservar la memoria colectiva. El Monumento a la Madre, “El Payador”, la Cruz Mayor del cementerio y los bustos de distintas personalidades son parte de esa herencia.

Su producción también trascendió los límites de Basavilbaso, con realizaciones en otras localidades entrerrianas.
La escuela que lo homenajea mantiene, además, un vínculo activo con la preservación de su obra. En 2015, estudiantes y docentes investigaron su trayectoria e impulsaron ante el Senado Juvenil Entrerriano una propuesta para proteger sus esculturas. Ese trabajo fue reconocido cuando el Concejo Deliberante declaró Patrimonio Cultural de la ciudad sus obras emplazadas en espacios públicos.
A 35 años de su partida, la cartelera y las conversaciones en las aulas renuevan ese compromiso. Permiten ponerle historia a un nombre, reconocer al artista detrás de cada monumento y transmitir el valor de cuidar lo que pertenece a toda la comunidad.
En el edificio donde comenzó a aprender y a mostrar su talento, Carlos Chabeuf sigue encontrándose con las nuevas generaciones.