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Advierten sobre el deterioro educativo y reclaman cambios de fondo

Martes 15 de Septiembre, 11:08

Educación | El doncente basavilbasense Daniel Fornerón analizó los resultados de las pruebas PISA y cuestionó el rumbo que tomó la educación argentina durante las últimas décadas. Apuntó contra la pérdida de autoridad, la promoción sin aprendizajes suficientes, el uso desmedido de la tecnología y la falta de políticas educativas sostenidas en el tiempo.

Los resultados de las evaluaciones internacionales volvieron a colocar la calidad educativa en el centro de la discusión y motivaron un fuerte análisis del docente basavilbasense Daniel Fornerón, quien planteó la necesidad de revisar profundamente el funcionamiento del sistema educativo argentino.

En un artículo de opinión que tituló “Crónica de un final anunciado”, Fornerón sostiene que los indicadores conocidos recientemente no deberían interpretarse como un fenómeno aislado, sino como la consecuencia de decisiones y transformaciones acumuladas durante décadas.

Su mirada es particularmente crítica sobre el funcionamiento de la escuela pública, aunque también advierte que los problemas educativos atraviesan diferentes gestiones políticas y considera que la Argentina todavía no consiguió transformar a la educación en una verdadera política de Estado.

Una señal de alarma sobre los aprendizajes

Fornerón toma como punto de partida los resultados atribuidos a la edición 2025 del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA), que mide competencias de estudiantes de 15 años en Matemática, Lectura y Ciencias.

Según los datos citados en su artículo, Argentina obtuvo 367 puntos en Matemática, 389 en Lectura y 393 en Ciencias.

Para el autor, detrás de los puntajes existe un problema mucho más profundo: una proporción importante de adolescentes estaría terminando etapas fundamentales de su escolarización sin dominar herramientas básicas necesarias para desenvolverse posteriormente en la vida cotidiana y laboral.

Fornerón menciona dificultades de comprensión lectora y resolución de operaciones matemáticas sencillas como manifestaciones concretas de ese deterioro.

Una crisis que, asegura, viene de décadas

El basavilbasense rechaza atribuir la situación exclusivamente al presente.

En su análisis remonta parte de los problemas a las reformas educativas impulsadas durante la década del '90 y posteriormente a las modificaciones introducidas desde 2006.

Considera que, pese a los diferentes cambios de estructura y orientación, no se consiguió colocar verdaderamente en el centro del sistema a los dos protagonistas fundamentales del proceso educativo: el alumno y el docente.

Su cuestionamiento también alcanza a determinadas concepciones pedagógicas y políticas aplicadas durante los últimos años que, según su interpretación, terminaron debilitando la exigencia académica.

¿Incluir alcanza si no se aprende?

Uno de los planteos centrales del artículo pasa por diferenciar permanencia dentro del sistema educativo de aprendizaje efectivo.

Fornerón cuestiona un modelo que, a su entender, priorizó evitar que los estudiantes abandonen la escuela aun cuando acumulen numerosas materias sin aprobar o no hayan incorporado conocimientos considerados indispensables.

En ese sentido, plantea una discusión sobre la repitencia y lo que denomina el “derecho al fracaso”: la posibilidad de que un estudiante repita un trayecto para consolidar conocimientos que todavía no adquirió.

Para el autor, promover o mantener dentro del sistema a un alumno sin garantizar que efectivamente aprenda puede terminar perjudicándolo cuando posteriormente deba desenvolverse en ámbitos donde existen horarios, responsabilidades, autoridad y exigencias de desempeño.

También formula fuertes cuestionamientos a determinadas políticas provinciales de inclusión de estudiantes con discapacidad. Se trata de uno de los puntos más sensibles de su columna, en el que sostiene que deberían analizarse individualmente las condiciones y necesidades de cada alumno para evitar que la inclusión formal termine, en situaciones extremas, generando nuevas dificultades.

Escuela pública, privada y desigualdad

Fornerón sostiene además que algunas políticas pensadas para disminuir las desigualdades terminaron, paradójicamente, profundizando diferencias.

Señala que numerosas familias con posibilidades económicas optaron por trasladar a sus hijos hacia establecimientos privados buscando mayores niveles de exigencia y seguimiento.

Aclara, sin embargo, que la educación privada tampoco constituye por sí misma una garantía de calidad.

Destaca que muchos docentes trabajan simultáneamente en establecimientos públicos y privados, pero entiende que las diferencias aparecen en los niveles de control, seguimiento y ausentismo de docentes y estudiantes.

En ese escenario también reconoce el esfuerzo económico que realizan numerosas familias de sectores medios para afrontar una educación privada que consideran una alternativa para sus hijos.

Autoridad, esfuerzo y mérito

Otro de los ejes de su reflexión es la pérdida del concepto de autoridad dentro de las instituciones.

Fornerón considera que durante años se fueron debilitando valores vinculados con el esfuerzo, el mérito, la responsabilidad y la iniciativa personal.

Incluso advierte sobre una transformación cultural dentro de las propias aulas, donde destacarse académicamente no siempre es reconocido positivamente y puede convertirse en motivo de hostigamiento entre pares.

Para el autor, recuperar el valor del conocimiento y prestigiar nuevamente al estudiante que se esfuerza debería formar parte de cualquier discusión sobre una reforma educativa.

El desafío de las pantallas

La tecnología ocupa otro capítulo importante de su análisis.

Fornerón no plantea eliminarla de las escuelas. Por el contrario, reconoce que constituye una herramienta que puede facilitar y potenciar el trabajo docente.

Su preocupación está puesta en el uso ilimitado de dispositivos y pantallas, particularmente entre adolescentes.

Sostiene que pueden convertirse en una fuente permanente de distracción y relaciona su utilización excesiva con dificultades de concentración, alteraciones del sueño, aislamiento y ansiedad.

Por ese motivo plantea que la discusión no debería ser tecnología sí o tecnología no, sino cómo, cuándo y para qué utilizarla dentro del proceso educativo.

También cuestiona el financiamiento y su utilización

El artículo aborda además la inversión educativa.

Fornerón recuerda programas como Conectar Igualdad, al que reconoce el objetivo de reducir la brecha digital, aunque cuestiona la falta de controles y la manera en que, según su visión, terminó utilizándose parte de aquella inversión.

Pero tampoco encuentra respuestas suficientes en el actual escenario político.

Pese al cambio de orientación política, económica e ideológica experimentado por el país, señala que no observa hasta el momento transformaciones estructurales significativas en educación.

De esta manera, su crítica atraviesa administraciones de diferentes signos políticos.

Educación como política de Estado

El cierre de “Crónica de un final anunciado” apunta precisamente hacia allí.

Para Fornerón, los problemas educativos no pueden resolverse con reformas parciales ni con medidas que cambien cada vez que asume un nuevo gobierno.

Su planteo es avanzar hacia acuerdos educativos de largo plazo, capaces de sostenerse independientemente de las alternancias políticas.

Los resultados de las evaluaciones internacionales son, desde su perspectiva, apenas la expresión estadística de un problema que ya puede observarse cotidianamente en las dificultades de numerosos adolescentes y jóvenes para comprender textos, resolver problemas y desenvolverse con autonomía.

Y su conclusión deja planteado el debate: después de décadas de reformas, programas y cambios de orientación, Argentina continúa lejos de consolidar a la educación como una verdadera política de Estado.

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